No es casualidad que mencione a Ciudad de México como una de las ciudades más peculiares del mundo.

Es una ciudad que cuenta tantas historias en cada una de sus calles, y que decir de sus fachadas, imagínense de las que ya no están de pie.

Vivir en la que ahora llamamos CDMX es una aventura. Entre ellos no tener certidumbre de qué puede pasar, entre eso está la naturaleza.

El 19 de septiembre fue un día que pocos podemos explicar, algunos porque no encontramos las palabras y otros, que ya no están. Vivir esta fecha en carne propia es entender que hay algo más grande que nosotros. Es sacar a flote todas las inseguridades y temores que guardas cuando te preguntan si estás bien. ¡Claro que no estás bien! Es inexplicable el poder dar a entender a tu familia que quizá no te tocó estar dentro de un edificio que colapsó, pero sí recorriste las calles tratando de llegar a tu casa porque era imposible trasladarte.

Estar en esta ciudad es entender que si bien hay mucha gente que huyó de la ciudad por temor a las replicas, muchos provincianos se quedaron para darle un poco a esa ciudad que le ha dado tanto. Ser parte de una sociedad generosa, valiente, organizada y unida es lo que hasta la fecha le da fe al país. Seguir ayudando y colaborando con el vecino o simplemente ser parte de una movilización que pocas veces se hace notar.

El día del sismo me encontraba en mi trabajo. De por si me cuesta trabajo explicarme a mi misma la razón de vivir casi hasta Santa Fe y me respondo diciendo: amas tu chamba. Total, que eran las 11:00 del día y en una reunión hacían el chiste del simulacro: “no grito, no corro, no empujo”. Así siguió hasta las 13:00 h. Momento en que sentí que ese movimiento ya no era un camión y voltear a ver la cara de morri Abril diciéndome: ¡muévete!

Aventé mis audífonos y sali del edificio, sentir como la gente demuestra su inseguridad y el miedo se apodera de ellos. Cuando estás dispuesto a pisotear a quien sea contar de salir de un lugar.

En ese momento sabíamos que no era algo casual y las sirenas no se hicieron esperar. Facil fue una hora en la calle tratando de calmarte y avisar a tu familia que estas bien.

Sé que muchos van a coincidir conmigo en lo complicado que es “hacer entender” con los que no vivieron este hecho. Tratar de explicar porque no me quiero mover de ciudad. Tratar de explicar lo feliz que soy de salir a caminar por mi colonia. Explicar porque soy tan feliz de ver al perrito del vecino. Explicar porque me pone triste que ya no podré saludar al vecino porque se tuvo que cambiar de casa. Explicar porque mis amigos ya no están cerca de mi ya que se quedaron sin casa. Explicar porque me duele que una persona que está a kilómetros de mi haya perdido su casa. Explicar porque me duele que una chica que no conozca cuente cómo perdió a su familiar. Explicar porque me duele que no sólo nos entendemos de provinciano a provinciano, que al final todos vivimos en esta ciudad y así queremos seguir.

Estoy contenta de poder contarlo, pero no les niego que me ha costado mucho trabajo. Agradezco que hubo gente que pregunto si estaba bien y que mi mamá me apoyo con respecto a mi decisión de seguir aquí. Por otro lado, no entiendo cómo hay gente que sólo porque no pueden entender lo que es estar feliz y tranquilo en un lugar cuestionan la razón por la que no te mueves.

Sé que no sólo CDMX se vio afectada, hay muchas ciudades que siguen con problemas, pero hablo de cómo me fue en la feria y de lo único que estoy segura es que nadie volverá a ser el mismo.